EL PODER SANADOR DEL SENTIDO DEL HUMOR

Sentido del humor

La risa sana por muchos y variados motivos. El sentido del humor nos vincula con otro ser humano en el amor, en lo blando, en lo creativo, en lo espontáneo y en lo honesto. Es el sentido del amor que tiene el humor el que cura las heridas porque nos baja las defensas ante un peligro que ya no existe: la vulnerabilidad infantil.

Sentido del a(hu)mor

Hemos perdido el sentido del humor porque no sabemos amarnos como adultos ni a nosotros mismos ni a los demás. Y es una gran pérdida porque reírnos activa física, mental y emocionalmente zonas que nos permiten estar más lúcidos a la hora de buscar soluciones a nuestros problemas. Enfadados, amargos e “indefensos” solo alejamos el remedio y nos hacemos parte de la enfermedad.

Ridiculizar o humillar a otro ser humano mediante la burla no es tener sentido del humor. De lo que estoy hablando aquí es de desdramatizar nuestra interpretación de la realidad para encontrar más salidas que puertas cerradas y eso solo se logra poniendo amor en nuestro recorrido. Tampoco se trata de estar todo el día artificialmente alegre o sonriente. El sentido del humor es una actitud no una máscara. Es entender que al exagerar negativamente nuestra situación inutilizamos las herramientas que tenemos para darnos bienestar. Dicha actitud es cálida sin ser ñoña, divertida sin llegar a la ofensa y adulta, porque podemos sostener la vulnerabilidad de vernos desnudos.

La vulnerabilidad infantil

En mi experiencia personal como paciente y profesional como terapeuta, intento desdramatizar todo lo posible nuestra visión de la realidad porque está teñida de un miedo infantil a quedarnos indefensos, a vernos y mostrarnos sin máscaras.

Cuando uno le quita el drama a lo que vive lo que está haciendo es ver que el mundo ya no es tan peligroso como cuando éramos niños; que el hecho de que algunas personas no nos quieran o nos rechacen no pone en peligro nuestra vida, que el que estemos o nos sintamos solos no va a hacer que desaparezcamos o dejemos de existir, que si no somos las más divertidas, inteligentes, atléticas o guapas, podemos encontrar gente que nos quiera, que nuestra torpeza social no es motivo de exclusión y un largo etcétera que cada uno de vosotros podéis rellenar con vuestra propia vulnerabilidad. Y una buena estrategia para quitar el drama a la vida es el sentido del humor si va servido con amor del bueno.

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