El VIRGINARIO O EL DESCARO DE JUZGAR A LOS DEMÁS

Microcuento: El virginario o El descaro de juzgar a los demás

La sección de los microcuentos fue creada con el afán de hablar de lo humano y lo divino de forma más o menos poética y fabulada. Comencé a escribir cuentos a los 15 años y nunca he parado de hacerlo. Quiero darles un uso terapéutico porque a mí me ha servido mucho el escribirlos. He ido recopilando los que creo que pueden servir para mirarse a uno mismo, solo una forma de mirarse, la mía, con todas las limitaciones que mi ego y mi poca formación literaria tienen.

Introducción a “El virginario o El descaro de juzgar a los demás”

Lo peor de juzgar a los demás es que creemos que, el hecho de a veces acertar, nos da derecho a algo. Somos seres perceptivos e intuitivos viviendo en una sociedad que se maneja en códigos corporales y de lenguaje, explícitos o implícitos, estandarizados y normalizados. No es de extrañarnos que alguna vez pensemos y digamos algo de alguien y acertemos. En cierta medida, todos somos predecibles. Pero eso no nos pone por encima de nadie. Por tanto, el llevar la razón es una trampa en la que caen los incautos y soberbios. Es decir, No tiene sentido, porque al hablar de otro, estoy hablando más de mí,  y la mayoría de las veces no nos hacemos cargo de eso.

Microcuento

Él es un hombre de salud permanente, ignífugo, de baquelita, casposo. No alcanza a ser aburrido o excesivamente mental. Tampoco alcanza a ser predecible o metódico. Ni alcanza a ser visible o sonoro. Él es un hombre sin olor propio, sin una forma de estornudar que lo defina. Cambia de acera cuando el viento o el sol arrecia, pero eso lo hacemos todos y Él es parte de todos, pero una parte impalpable. Y no es que los demás no tengamos palmas, es que Él no tiene…, o le sobra…, eso … Podría decir que no navega o no sueña, que algunas veces niega y no se entiende qué está negando. También podría decir que no es aburrido… eso ya lo he dicho. Me confunde su indefinición. Mi mirada no alcanza a calificarlo, a escucharlo, a olerlo. No tengo… o me sobra… no llego.

 

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